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Cuánto cuesta una tienda online en 2026: el desglose que no suele darte nadie

7 min de lectura

Carrito de la compra en miniatura sobre el teclado de un portátil

Es la primera pregunta de casi todas las llamadas, y la respuesta honesta es incómoda: depende. Pero "depende" sin explicación no ayuda a nadie, así que vamos a desglosar exactamente de qué depende, para que puedas estimar tu caso y, sobre todo, para que sepas leer los presupuestos que te lleguen.

Los siete factores que mueven el precio

1. El número de referencias

No cuesta lo mismo cargar cuarenta productos que cuatro mil. Y no es solo el volumen: con catálogos grandes aparecen filtros, buscador interno, importaciones automáticas desde tu sistema de gestión y decisiones de rendimiento que en una tienda pequeña ni te planteas.

2. La complejidad de cada producto

Un producto con talla y color tiene variantes. Uno configurable, con opciones que cambian el precio, es otro mundo. Y si vendes por peso, por metros o con descuentos por cantidad, la lógica comercial se complica bastante más de lo que parece desde fuera.

3. Si hay que integrar con tu gestión

Es el factor que más subestima la gente. Conectar la tienda con tu ERP o tu TPV para que el stock sea uno solo puede costar tanto como la tienda entera, según lo abierto que sea tu sistema. También es lo que más dolor de cabeza te ahorra después.

4. El diseño

Adaptar un tema existente a tu marca es una cosa. Diseñar una tienda desde cero, con su sistema visual propio, es otra. Ambas son opciones legítimas: la primera es más rápida y barata, la segunda diferencia más. Lo que no es legítimo es cobrar la segunda y entregar la primera.

5. Los contenidos

Alguien tiene que escribir las descripciones, hacer las fotos y redactar las páginas de información. Si lo haces tú, ahorras. Si lo hacemos nosotros, se presupuesta aparte, normalmente por número de fichas.

6. El SEO de partida

Una tienda puede nacer con la estructura de URLs, los encabezados y los datos estructurados bien planteados, o puede nacer sin nada de eso y arreglarse después, que sale más caro. Este trabajo no se ve en la demo, pero es la diferencia entre aparecer en Google o no.

7. Si es nueva o es una migración

Migrar exige inventariar las URLs actuales, mapearlas a las nuevas y montar las redirecciones. Es trabajo añadido, pero saltárselo es la forma más rápida de perder de golpe el tráfico que llevabas años construyendo.

Los costes recurrentes que aparecen después

El presupuesto de desarrollo es solo una parte. Conviene tener claro desde el principio qué vas a pagar cada mes:

  • Alojamiento, si la plataforma no lo incluye. Una tienda con tráfico real no cabe en el hosting compartido de tres euros.
  • La cuota de la plataforma, si eliges una de pago como Shopify.
  • Las apps o módulos de pago, que se acumulan más rápido de lo que crees.
  • La comisión de la pasarela de pago sobre cada venta.
  • El mantenimiento: actualizaciones, copias de seguridad y las incidencias que siempre surgen.

Cómo comparar dos presupuestos que no se parecen

Si tienes dos ofertas con precios muy distintos, casi nunca es que una sea cara: es que están presupuestando cosas distintas. Estas cuatro preguntas suelen destapar la diferencia.

  • ¿Qué pasa si necesito una página más de las previstas? ¿Entra o se factura aparte?
  • ¿La integración con mi sistema de gestión está incluida o es una segunda fase?
  • ¿Quién es el titular del dominio, el hosting y las cuentas? (La respuesta correcta es: tú.)
  • ¿Qué incluye exactamente el mantenimiento mensual y qué no?

Una regla que sirve casi siempre

Si un presupuesto es mucho más barato que los demás, mira qué falta. Normalmente falta la integración, falta el SEO técnico o falta el soporte posterior. Y si es mucho más caro, pide el desglose por partidas: un proveedor serio no tiene ningún problema en dártelo.

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